Caracolí está sembrado justo en las narices de la represa del río Ranchería, el complejo hídrico más grande de La Guajira. Desde allí nace el sueño de llevar agua potable a buena parte de la península. Paradójicamente, ese mismo pueblo creció viendo pasar el agua sin poder beberla dignamente.
Durante años, la represa fue anunciada como la redención agrícola del departamento. Sus aguas recorren una tierra tan árida como sus carencias. En Caracolí, la gente bajaba al río con ollitas, baldes y pimpinas, a pocos metros de casa, preguntándose por qué el agua siempre fue cercana, pero nunca propia.

Años de espera junto al río
El tiempo pasó lento en este corregimiento de San Juan del César. Gobiernos iban y venían, promesas también. Hace 16 años se construyó el proyecto multipropósito del río Ranchería para abastecer de agua potable a La Guajira, y aunque quedó ubicado en Caracolí, el corregimiento siguió esperando su turno en la fila de la dignidad.
Esa espera comenzó a romperse cuando la gobernación de La Guajira, a través de su Empresa de Servicios Públicos, Esepgua, firmó el acta de inicio para la construcción del acueducto. El anuncio fue emocional pero que pronto se convertirá en realidad. Por fin, una deuda histórica empezaba a saldarse con hechos.
El día en que la promesa tomó forma
El proyecto contempla obras que para muchos suenan a números, pero para Caracolí significan vida. Un desarenador, un tanque de almacenamiento con capacidad para 92 mil litros, una planta de tratamiento de agua potable y kilómetros de tubería que llevarán el líquido hasta cada rincón del corregimiento.
Serán más de 1.600 habitantes beneficiados con un sistema que garantiza acceso, continuidad y calidad del agua. No es solo infraestructura; es salud, es tiempo ganado, es tranquilidad. Es dejar atrás la rutina de cargar agua y empezar a abrir la llave sin miedo.

Cumplir la palabra también es desarrollo
Visiblemente emocionada, la gerente de Esepgua, Andreina García Pinto, recordó que durante años Caracolí fue el patio trasero de un megaproyecto que nunca lo incluyó. “Decidimos cumplir la palabra y construir su propio acueducto”, afirmó, resaltando que este proyecto reivindica derechos y cambia la forma de llevar desarrollo a La Guajira.
Hoy, Caracolí ya no es solo el pueblo que vio nacer la represa. Es el territorio donde el agua dejó de ser ajena para convertirse en esperanza. Y cuando el agua llega, todo empieza a florecer, incluso en los lugares donde la espera fue larga y la sed, histórica.


